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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Ya estás, peinada pa trás

Aprender a peinarse tiene su gracia. Aprender a no peinarse con gracia todavía más.
No sé si por eso mis personajes van sin pelo o parecen recién despertados. Qué complicado el ritual matutino de lograr complacer a los múltiples ojos con el peinado. Y qué amargos momentos cuando, a gusto de otros, con caprichosos moños, toneladas de fijador o la frente relamida en gel, uno se contempla aterrado en el espejo sin poder reconocerse.


Ahora procuro pensar en eso cuando hay que peinar a los dibujos por la mañana. Que anden cómodos y contentos, que eso es lo que los hace ver guapos. Total, si no les gusta cómo me han quedado, siempre está la posibilidad de ponerse un bonito sombrero.